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ROGELIO GALLARDO: Poeta de Trujillo (*)

©E. Rubio Díaz

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El autor del artículo conversa con el poeta en la puerta de la antigua Bodega Marini. Trujillo 1992.

Rogelio Gallardo Bocanegra es a mi entender, el poeta más representativo del Trujillo finisecular. A diferencia de poetas o escritores que, habiendo nacido en otros lugares, se han forjado –y se siguen forjando-, al influjo de nuestra ciudad, R. G. es un trujillano auténtico.

Nacido en el antiguo barrio de Mansiche, se educa, produce y vive entre nosotros, y es hasta sus últimos días, un viandante cotidiano por las principales calles de nuestro centro histórico. Asimismo, su vida y obra reflejan la crisis de ésta parte del siglo 20, la que se observa en lo económico, político, en el arte y en los valores tradicionales que identifican la ciudad. Nadie como él encarnó y mostró esa crisis y, por la autenticidad de su vida y de su poesía, es una voz singular entre los poetas de su generación.

Pero las crisis, que tanto tienen que ver con el arte, no son raras en nuestra historia, son más bien cíclicas. La de principios del siglo 20, forjó en Trujillo al grupo Norte, que tuvo como máximo representante en la poesía a Cesar Vallejo. Consideramos que hoy, al final del siglo, Trujillo vuelve a ser nuevamente, la ciudad que, en medio de la crisis (quizá por ello), a dado a luz a otro gran poeta; el poeta que viene a ser la otra cubierta del gran volumen de poesía que se ha producido en Trujillo el siglo 20. César Vallejo abre ese volumen imaginario en una época de emergente Indigenismo, R, G. lo cierra teniendo lejos esa corriente y más bien traspasa los géneros en la construcción de una Poesía del Ser (1). Esas dos tapas encierran la producción poética surgida en la ciudad. Pongamos entres sus páginas (nombro de memoria) a: Spelucín, Garrido, Torres Ortega, Ibañez Rosazza, Romualdo, los Corcuera, Watanabe…por mencionar algunos.

Cómo en los últimos 20 años, los cambios en la ciudad se han acelerado, veamos brevemente el contexto sociohistórico del cual el poeta es fruto o resultado.

La Trujillanidad

Definitivamente, Trujillo no tiene hoy el ambiente, ni es más la ciudad que se percibe en los sentidos prólogos de Orrego a las primeras publicaciones de Vallejo y Spelucín de las primeras décadas del Siglo 20. Hoy Trujillo dejó de ser una ciudad de trujillanos solamente, los migrantes y el crecimiento urbano no sólo le han cambiado el rostro, sino también el ambiente de recato y tranquilidad nocturna. El número de habitantes aceleradamente se acerca al millón y de haber transcurrido más de 105 años con una sola universidad hoy existen muchas y se han empezado a construir obras viales que antaño eran innecesarias. El ambiente trujillano se está transformando para adoptar la imagen del nuevo siglo.

Con una significativa población de migrantes, la ciudad se ha visto desbordada en sus moldes y esquemas, los actores sociales representativos ya no son los de la aristocracia endógama y degenerativa que antes monopolizaron los cargos  políticos y burocráticos y por ende, el poder, del que se valió una de esas familias para encarcelar al más grande poeta peruano: César Vallejo.

Pero si R.G. nació en un barrio marginal y vivió marginalmente, ¿iba su poesía a cantar o reflejar los moldes tradicionales del Trujillo oficial? Definitivamente no, por eso es que, siendo un auténtico poeta trujillano, no es el poeta de la trujillanidad oficial, entendida ésta como una expresión de las costumbres tradicionales arraigadas en el comportamiento de la clase social y las familias de abolengo que siempre han tenido la representación de la ciudad en el arte y la política y que, configuraron para Trujillo una imagen aristocrática y señorial.  Se podrá decir que algunos abrazaban la causa popular, pero, por extracción de clase, en comportamiento y modales, todos eran aristócratas y vivían recordando sus haciendas o exhibiendo inservibles títulos nobiliarios. Esa trujillanidad señorial y aristocrática ya no tiene sus cultores ni en el arte ni en la política. En este caso, el partido que había dominado la escena política nacional y propiamente trujillana por más de 50 años, es hoy una sombra difusa en Trujillo de fines del siglo 20. La forma de hacer política, el estilo y los modales han cambiado y la juventud hoy no reproduce ni rescata esos viejos moldes. Esa trujillanidad es hoy acaso, una sombra que habita y se mueve en el interior de las viejas casonas, que mira a la calle por los grandes ventanales enmohecidos y de empolvadas cortinas, pero que no traspone los portales para irse a la calle y ser la imagen de la ciudad, impedida de  salir por la modernidad.

Precisamente de eso toma distancia R.G. y lo hace no sólo por el tema de su poesía, sino también por su forma de vida. No le hace poesía a la gloria histórica de la ciudad ni evoca su pasado, no le canta a los balcones ni las casonas. Siendo un poeta del Ser, la  cantera de su obra estaba en su propia vida que, como sabemos, estuvo alejada de todo protocolo. Su propuesta, habiendo surgido en este siglo, se proyecta más bien al próximo, tanto por lo trascendental del tema; el hombre, la vida, la muerte, cuanto por el lenguaje: libre, cotidiano, pero de hondo mensaje metafórico. Aquí está la paradoja: R.G. siendo un trujillano nato, opta por una poesía y una forma de vida “marginal”. En un tiempo solía el mismo llamarse “el último de los poetas malditos”, mientras que poetas provenientes de otros lugares, adoptan lo trujillano.

El  Poeta

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Primera página del diario La Industria de Trujillo. Martes 28 – Nov. – 1995

R.G. nació el 16 de setiembre de 1928, en uno de los barrios más tradicionales de Trujillo: Mansiche, registrado ya por Martínez de Compañón en el Siglo 18, el que menciona Vallejo en alguno de sus poemas, trinchera de combate en la revolución de  1932. Ese barrio trujillano tiene en él a uno de sus vecinos más notables. Estudió sus primeros grados en la Escuela 245 conocida como “Centro Nuevo”, que por entonces quedaba en la cuadra cuatro de la calle Bolívar. No sabemos de sus estudios superiores. Toda su formación como artista, -también cultivó el canto, barítono melódico- fue autodidacta, aunque siempre se vinculó a los grupos artísticos y especialmente poéticos como Trilce, en Trujillo y en Lima, donde vivió en la década de 1940,  al grupo de Juan Gonzalo Rose. Vuelto a Trujillo a fines de la década de 1950, colabora en el diario El Norte, con artículos referidos al arte.

En R.G. confluyen la autenticidad en la creación, la actitud poética y la renuncia. Pudo tener una vida acomodada o un cargo público, pero prefirió la libertad de la calle y la bohemia. En su autentica humildad, anidaba el rechazo a la formalidad burocrática, a los horarios, a la vanidad, a la fama, a los afanes de figuración que otros tanto apetecen. Nunca figuró en una planilla. Su vida fue una diaria renuncia, intuyo que para sentir la vida, que no otra cosas es para un poeta auténtico la poesía. Quizá un paralelo puede ser en Lima el caso del poeta Martín Adán. Cada uno desde su lado: éste, desde la aristocracia, aquel, desde el pueblo, pero ambos encarnan la crisis de su tiempo y de su clase. M. A. renunció a su fortuna y se asiló, sin cambiar su imagen de aristócrata. R.G. en su renuncia, se muestra como pueblo, y de éste como el más pobre, a sabiendas que era la poesía su única y perdurable riqueza.

R.G. a diferencia de sus antecesores y contemporáneos, hace una poesía existencial. En sus versos se vuelve cronista de si mismo, no inventa la metáfora, sino la describe de su propia vida. A los que le conocimos nos cuesta imaginar en qué momento de su agitado vivir se detenía a escribir y darle ritmo  a sus poemas. No le cantó al mar y su entorno, como es el caso de Spelucín y Torres Ortega, tampoco a lo serrano o arqueológico como Garrido, ni fue el poeta de la ciudad y el viento como Ibañez Rosazza. R.G. es esencialmente el poeta del Hombre, aunque en estos tiempos en que los géneros se han desbordado, resulta más auténtico sentir su poesía antes que clasificarla.

Es normal que, por  el prestigio y la fama, los artistas dejan su ciudad natal. Pocas ciudades sin embargo, han tenido como Trujillo a su mejor poeta vivo, caminando por sus calles diariamente, o en los bares más tradicionales, o en alguna banca de sus plazas, saludando a sus amigos, esa imagen nos ha dejado. Esos eran los espacios donde él se situaba como vecino de Trujillo, esos eran los lugares donde se lo podía encontrar. Pero los lugares tradicionales de bohemia como el restaurante Porturas o la bodega  Silvio Marini que frecuentó, también se fueron con el siglo, empujados por el nuevo rostro de la ciudad. El día lunes 27 de noviembre de 1995 él también partió.

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Obituario publicado en el diario La Industria de Trujillo, el día 28 de noviembre de 1995. La fecha que figura está equivocada en el mes, debe decir: noviembre.

La esquina que forman las calles Pizarro y Orbegoso en la Plaza Mayor de Trujillo, fue el último espacio que el poeta tomó de la ciudad, en el corazón y el rostro más conocido de la urbe. Ahí, en la plaza inmensa, rodeado de vendedores ambulantes, debió sentir su último poema, vivencialmente, era uno de ellos, aunque nunca vendió nada, (creo que ni sus propios libros). Ese fue el último espacio de la ciudad que ocupó en vida y también, el último “vacío que dejó en la ciudad”, como lo dijo con palabras sentidas un representante de los vendedores ambulantes la tarde de su funeral.

R.G. hizo su obra y su trascendencia desde su propia ciudad. Por eso es el poeta de Trujillo. No gozó del favor de los medios de comunicación ni se fue a vivir a la capital para hacerse conocido, al refugiarse en su Trujillo, no se sirvió de esa opción, por eso su poesía existe paralela a la poesía de las antologías nacionales –a veces hasta locales-, no lo encontramos en la sumaria reseña de Cabel  60/80 (2), precisamente porque cuando se hacen las antologías él ya era un poeta marginal y hundido en su propio mundo de bohemia del que seguramente pensaban que nunca saldría. Por eso, mientras algunos desde sus antologías lo negaban o lo soslayaban, él hacía desde las calles de Trujillo y desde su propio mundo interior, su poesía, sin los favores de la prensa ni de los antologistas, burócratas que dicen luchar contra el sistema y viven de él ostentando cargos.

A nuestra generación nos toca tatuar en el tiempo el nombre y la obra de R.G. rescatándolo. Salvaríamos con ello a nuestro icono y usaríamos la misma llave para cerrar este Siglo y abrir el siguiente, éste se encargaría de difundirlo, de inmortalizarlo a través de las generaciones que, ya no tendrán de él un recuerdo vivo, que sólo heredarán su obra. Generacionalmente quizá, nos ha tocado a nosotros construir el mito. Urbi et orbi.

 

REFERENCIAS

(*) Artículo publicado en el diario La Industria de Trujillo en 1996, al conmemorarse el primer aniversario de la muerte del poeta.

1 – CHÁVEZ PERALTA.  J. Discurso en homenaje póstumo y  presentación de poemas inédito de Rogelio Gallardo. 20 de febrero de 1996.

2- CABEL. J. “Fiesta Prohibida”. Ediciones SAGSA: 1986.

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SILENCIO PERPÉTUO, es el título de uno de sus libros. Aquí alguno de sus poemas. Vemos al poeta sentado en una de las bancas de la plazuela El Recreo.