ANTROPOLOGÍA

TRUJILLO Y SU GENTE EN UN APUNTE ANTROPOLÓGICO

© Antropólogo. E. Rubio Díaz

En el Perú, después de Lima la capital, Trujillo es la segunda ciudad en importancia, de aquella dista 550 Km. al norte. Es una ciudad costeña cuyo centro histórico aún conserva intacto el trazo que le dieron los conquistadores que la fundaron en 1534. Hoy en día, su población bordea el millón de habitantes, y está compuesta como toda gran ciudad, de un alto porcentaje de foráneos mayoritariamente serranos, sin embargo, hay en su población, un importante número de auténticos trujillanos, los que conservan aún el habla y las costumbres que han caracterizado siempre a esta tierra. Este apunte, fruto de una experiencia personal no ha de estar exento de ese sello.

Cuando estoy fuera de Trujillo, los que se enteran de mi origen, en más de una ocasión me han dicho que, la gente de mi ciudad es muy orgullosa, que somos “creídos” y que tenemos por costumbre, aparentar cosas que en verdad no somos, ni tenemos. “Ustedes -me dicen-, cuidan mucho las apariencias”. Como ejemplo de esto me dijeron algunas veces: “ustedes tratan de vestirse con ropa cara aunque en su casa no tengan que comer, así, dan una  imagen   falsa  de su realidad”. Yo creo que en verdad esa es una apreciación cierta, pero no estoy muy seguro que sea sólo atribuible a los trujillanos, aunque quizá entre nosotros sea más notoria, de ahí tal vez nos ha nacido esa fama. Cuando me dicen eso, me tocan el orgullo, y despiertan en mí, el lado bueno del chauvinismo. Respondo diciéndoles que, junto a eso, también tenemos fama de ser cultos y con buenos modales y elegancia. No en vano se dice en el Perú que, “Trujillo es una ciudad culta”, y eso desde luego, es por su gente. Con relación a los modales y la elegancia les digo que, somos así por nuestra herencia cultural, por nuestra historia: nuestra ciudad siempre ha sido sede de gobierno, político o religioso de extensos territorios, y quizá por el mismo nombre de la ciudad somos distintos, pues, a diferencia de otras ciudades del Perú, la nuestra tiene un nombre completamente castizo y tras su fundación, la gente que la pobló, mezcló lo mejor de las estirpes que ancestralmente gobernaron estos valles, con la cultura y nobleza europea.

Plaza Mayor de Trujillo

Lo cierto es que, la cultura -en sentido antropológico-, no siempre resuelve la subsistencia del hombre de la manera más racional o más fácil, pues esta se desarrolla en por lo menos, dos planos o niveles. El práctico, que resuelve las necesidades del hombre de manera natural o con el desarrollo tecnológico y, el valorativo, que resuelve o regula las relaciones entre los hombres, de acuerdo a las sanciones de cada cultura. Este es el nivel donde gobiernan los símbolos. El vestido, las prendas o la elegancia son símbolos de estatus en cualquier cultura.

Si bien es cierto que, en todas partes del mundo el hombre en sus inicios usó la piedra como herramienta o arma para matar animales y procurarse alimento, no en todas partes comió de la misma manera. Agarrar una piedra y lanzarla contra un animal para darle muerte y tener alimento, es racional, es práctico, y si se quiere, idéntico en cualquier parte del mundo, pero la preparación del alimento y la forma y lugar donde comerlo es distinta, esta en el plano valorativo, es producto de las tradiciones de cada cultura o lugar, y en cada lugar el hombre engendra sus propios símbolos, sus propias costumbres. Pero, ¿qué tiene que ver esto con el tema que empezamos a tratar líneas arriba? La verdad es que allí esta la explicación y respuesta de nuestro comportamiento. ¿Cómo entender que un trujillano de abolengo prefiera comprase zapatos de “marca” y aparentar buena posición cuando apenas tiene para comer? La respuesta es que, nosotros asumimos o le damos a la situación, una respuesta valorativa y no práctica. En ese caso, privilegiamos el símbolo  no la razón. Mejor dicho, actuamos de acuerdo a nuestra tradición, a lo que hemos visto hacer siempre a nuestros padres y abuelos, no a los que es “racionalmente” más recomendable. Para que se entienda mejor esto, podemos poner como ejemplo el comportamiento de algunas culturas africanas que, frente a las plagas de sus cultivos tienen un comportamiento distinto del que nosotros los occidentales tenemos. Ellos recogen uno por uno los gusanos o atrapan las ratas para luego comerlas. De esa manera, no sólo controlan las plagas y cuidan los cultivos, sino que, tienen alimento antes de cosechar lo sembrado: los gusanos y las ratas les proveen de proteínas y enriquecen su dieta. Trasladando el caso a nuestra cultura occidental, los africanos del ejemplo podrían decirnos: cómo es posible que necesitando comer, usamos insecticidas para controlas las plagas o veneno para las ratas, es decir, les damos muerte para después botarlos. No para comerlos  y todavía gastando dinero. A ninguno de nosotros se nos ocurriría comer gusanos o ratas, nos parece mejor, -porque así lo hemos aprendido de nuestra cultura-, exterminarlos con veneno antes que alimentarnos con ellos. Estamos aquí con dos respuestas culturalmente distintas frente a una misma situación. La respuesta de nuestra cultura occidental no sería racional para los africanos de nuestro ejemplo. Por eso es que, (volviendo a nuestro tema),­ los trujillanos al interactuar con otros, optamos por  cuidar los símbolos. Preferimos tener buena vestimenta, “aunque no tengamos que comer”. Quizá racionalmente no sea lo más recomendable, pero culturalmente sí se justifica, quizá por haber   heredado   de nuestra tierra el hecho de ser foco de civilización, en esta parte del continente, desde  la  cultura Moche, o la capital del imperio Chimú, quizá porque fuimos los primeros en independizarnos de la corona española, todo eso, de alguna   manera, debe haberse entronizado en   la conciencia colectiva de los auténticos trujillanos, los que, conforme vamos envejeciendo, más trujillanos queremos ser, aunque a los demás no les parezca bien o no lo entiendan y nos critiquen, a veces con mala intención.

Debo anotar finalmente, que ninguno de los planos de la cultura existen separadamente, tampoco es fácil determinar cuál de los dos es más importante, pero para aquellos que creen que debe  primar  lo “racional”, debo decirles a manera de ilustración, que cuando Darwin visitó a los indios fueguinos y vio la “miseria” en que vivían, se sorprendió cuando en invierno, al no tener que comer, éstos se   volvían caníbales: comían a las mujeres viejas y no a los perros. Cuando el naturalista les preguntó    por qué, le respondieron “racionalmente”: “porque los perros cazan a las nutrias y las viejas no”. ¿Será correcto eso en nuestra cultura.?(Publicado en la revista Lo Que Importa es el Hombre)

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TECNOLOGÍA Y CAPTURA DEL CANGREJO EN HUANCHACO: PERÚ.

© Antropólogo. E. Rubio Díaz

El cangrejo es un crustáceo que desde hace miles de años forma parte de la dieta del poblador peruano. Se ha registrado evidencias de su consumo en basurales arqueológicos de hace más de cinco mil años. En el mar peruano existen varias especies de este crustáceo, pero el que más se captura y consume es el cangrejo violáceo (Platyxanthus orbignyi). Su consumo abarca todos los niveles sociales.

Por ser un crustáceo de mucha demanda, la captura del cangrejo se realiza en distintas zonas del litoral peruano, se usa para ello embarcaciones  con “trampas” o simplemente se recolectan aprovechando la marea baja en las playas rocosas.

Una caleta de pesca tradicional en el norte peruano es Huanchaco, allí podemos apreciar todavía el uso de balsas hechas con totora, llamadas “caballitos”, que son típicas de los pescadores prehispánicos y que en la actualidad todavía se usan para la pesca. En este lugar observamos cuál es la técnica que emplean en la captura del cangrejo y entrevistamos también a un antiguo pescador de 65 años llamado José Huamanchumo Ucañán, quien nos refiere que desde los 14 años se dedica a las faenas del mar. Empezó como ayudante pero sólo a los 18 años pudo entrar al mar en un “caballito” normal con remo y colocar redes y trampas para cangrejos, también llamadas “cangrejeras”.

ELABORACIÓN Y USO DE LAS TRAMPAS

Es evidente que los materiales ancestrales que se usaron para la elaboración de las cangrejeras no son los que se usan hoy en día. Anteriormente se elaboraban con caña de Guayaquil con las que se hacía un cuadrado de aproximadamente 0.40 m de lado, al que se le añadía una red en forma de bolsa. En cada esquina  del cuadrado se colocaba una piedra. En el centro se amarraba como cebo un pescado que podía ser machete o lorna , se le ponía un flotador para saber la ubicación de cada trampa cuando se la dejaba dentro del mar. Nuestro informante nos refiere que ponen trampas en diferentes lugares y luego las van revisando una a una para recoger los cangrejos que, atraídos por el cebo, entran a la trampa.

Actualmente el empleo de la caña de Guayaquil  en la elaboración de trampas para cangrejos, a quedado de lado. Desde hace aproximadamente 20 años, se empezó a usar un nuevo diseño  traído de la caleta Santa Rosa ubicada en Lambayeque. Consiste en cambiar el marco de caña por un aro de alambre, el que posteriormente se cambió por uno de fierro corrugado, al que se le colocó redes de nylon. Las ventajas de este nuevo diseño son que, cuando el mar está “movido”, es más fácil sacarlas del agua, por otro lado, las trampas hechas con caña al romperse por el uso, se perdían los cangrejos, además, ocupaban mucho espacio en los caballitos. Las actuales trampas por su forma y material son fáciles de transportar y más efectivas en la captura.

A las trampas o cangrejeras tradicionales se las llamó “sacas”. A las de ahora les dicen simplemente “aros”.

TIEMPO DE CAPTURA

La captura del cangrejo se realiza todo el año, sin embargo, nuestro informante nos refiere que en Huanchaco, la temporada de invierno es más productiva, reconoce sin embargo, que en el presente verano 2010, la captura no ha estado baja. Un buen día de captura puede llegar hasta los 40 kg. Cuando caen en la trampa cangrejos muy pequeños los devuelven al mar, pues solamente les interesan los de tamaño comercial.

La faena de pesca empieza al amanecer cuando se colocan las redes para los pescados, pero es a las 9 a. m. aproximadamente,  cuando se empieza a “trabajar” el cangrejo. Se colocan las trampas en  lugares donde se sabe que hay cangrejos, la experiencia facilita el trabajo. A la 1 o 2  p.m. regresamos con lo que hemos capturado. En tiempo de verano la captura se realiza por la tarde, se evita de esa manera el maltrato que ocasiona el calor.

Cuando hubo fenómeno El Niño, el cangrejo desapareció, como ocurrió en 1983 y 1998, que tardó, casi dos años en retornar a esta parte del litoral peruano. Lo  que también facilita las labores de pesca es el internet, ahí pueden enterarse los pescadores sobre las mareas, el clima y las condiciones  del mar.

En Huanchaco, antiguo puerto y tradicional caleta de pescadores, cada vez son menos los que se dedican a la captura del cangrejo, hoy quedan aproximadamente treinta pescadores. “La pesca artesanal ya no es la de antes y muchos huanchaqueros prefieren otras actividades.” Nos dice don José Huamanchumo Ucañán cuando se despide.(Publicado en la revista internacional Pesca Responsable de la Sociedad Nacional de Pesquería)

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