ARQUEOLOGÍA

HUAQUERO Y ARQUEÓLOGO  © E. Rubio Díaz

Algunos consideran, que lo más opuesto al trabajo del arqueólogo, es la actividad del huaquero. Daré mi opinión sobre el particular, pero antes, para los que no entienden el término “huaquero”, haré algunas precisones. En Perú, se le llama “huaquero” al buscador clandestino e ilegal  de tesoros arqueológicos. Su nombre deriva del término “huaca”, que se usa para indicar un lugar con restos arqueológicos, puede ser un edificio en ruinas o un cementerio. En estos lugares se suelen hallar “huacos”, que son piezas de cerámica ( ollas, botellas, jarras, platos), las que, según su antigüedad, belleza o conservación, al ser vendidas, constituyen la ganancia del huaquero. Dicho con otras palabras, “huaca” es lugar, “huaquero” sustantivo, “huaco” objeto. Falta añadir otro término: “huaquear”, verbo, o sea, la actividad del huaquero. Como acotación final diré que, huaquear es una actividad exclusivamente masculina, por tanto no existe el sustantivo “huaquera”.

Por ser ilegal la actividad de los huaqueros, constantemente son perseguidos, y por la destrucción que causan, son muy mal vistos por la mayoría de arqueólogos, pues, aquellos destruyen lo que es la fuente de trabajo e información de éstos.

La profanación de cementerios o templos arqueológicos, con el fin de sacar objetos de valor para comercializarlos, es una práctica que se hace en todos los países que tienen largos procesos de ocupación humana. Ocurre en China, Egipto, India, Palestina, Mejico, etc. En sudamérica, la región andina occidental, específicamente el Perú, que tiene presencia humana hace más de 12 mil años no es excepción. Recordemos que, en el sigo 16 la obtención de tesoros fue el móvil principal de la conquista, esa “embriaguez de aventura“, como la llamó don Victor Andrés Belaunde. Una vez terminados de saquear templos y palacios, o sea, los tesoros que estaban en la superficie, el saqueo continuó buscando los tesoros  que estaban enterrados, en mausoleos, cementerios o templos abandonados. Si queremos llegar al antecedente más remoto del huaquero contemporáneo, indudablemente tendríamos que señalar a los conquistadores. Lo único que cambió, fue su caracter de legalidad. Esta documentado que, en la colonia, se formaron empresas dedicadas a buscar tesoros y que éstas, desde luego, contaban  para tal fin, con el permiso de las autoridades. Lo dramático de todo eso es que, al estar puesto el interés sólo en los metales preciosos, no se valoró lo recuperado como obras de arte, y menos como elementos de análisis,  por lo que, mayoritariamente los objetos artísticos de metal, fueron fundidos y llevados a Europa como lingotes, perdiéndose con ello toda la información que tenían, al ser producto de una cultura. Es necesario tener en cuenta esto, porque es un aspecto importante en el tema que tratamos.

Valor del objeto arqueológico.

El valor que encierra un objeto arqueológico se puede resumir en tres aspectos básicos: monetario, documental y artístico. Basta conocer quién es el que busca el objeto arqueológico, para saber el destino de los objetos que se encuentran. Si es un huaquero, vera el objeto arqueológico por su valor monetario. Si es un arqueólogo, lo vera como información para entender el pasado. También al arqueólogo le interesa el objeto arqueológico por su valor artístico, pero hay otro personaje que esta tras los objetos arqueológicos: el coleccionista. Éste tiene interés en el objeto como arte. Desde luego que estas separación es sólo teórica y arbitraria: a un arqueólogo puede interesarle un objeto desde el punto de vista económico, así como a un huaquero le puede interesar como obra de arte o por lo que representa para él dentro de sus creencias, pero en términos generales, cada quien mira los objetos de acuerdo al interés de su actividad. Aunque al  huaquero, -motivo de nuestro tema-, solamente lo alcanza el valor monetario, analicemos brevemente cada uno de los valores que encierra un objeto arqueológico.

Valor monetario. La Economía nos dice que, toda mercancía tiene: “valor de uso” y “valor de cambio”, entender esto, nos ayudará a explicar el procedimiento de los conquistadores frente a los tesoros y  obras de arte que hallaron en América. Si la utilidad de las cosas, les da a éstas un valor de uso, lo que pasó con los objetos arqueológicos que hallaron los conquistadores fue que, todo lo que encontraron en templos o cementerios carecía, para ellos, de valor de uso. Nadie valoraba esos objetos por su “virtud intrínseca”, por su utilidad práctica y menos por su valor artístico. Lo único que importaba entonces era su valor de cambio. Es decir, el verdadero valor del objeto arqueológico estaba en el metal del que estaba hecho. Lo demás no importaba.

Si las cosas tienen valor porque satisfacen necesidades, sean estas, materiales o espirituales, vale preguntarse: ¿qué necesidad satisfacía en los conquistadores un ídolo u ofrenda hallado en un templo o en una tumba? Si no había vínculo cultural que sustente el valor sagrado o ideológico de esos objetos, el único valor que quedaba era el valor de cambio o sea el valor monetario. Para un europeo ávido de riqueza, los objetos que encontró en América, sólo tenían valor si estaban hechos de metal precioso. Porque no valían por lo que significaban, sino por lo que costaba el metal.

Es la falta de ligazón con la cultura profanada, lo que da sustento al saqueo o la expoliación de templos o cementerios arqueológicos desde el siglo 16 hasta hoy. A esto hay que sumar el interés económico. El huaquero contemporáneo no escapa a lo antes dicho, aunque algunos sólo vean en su actividad clandestina, un interés económico. Lo cierto es que el huaquero se siente ajeno a la huaca que destruye y no ve en los objetos que encuentra sino su valor monetario, tal y como lo vieron los conquistadores. Para él, los restos arqueológicos les son indiferentes porque siente que nada tienen que ver con los que lo fabricaron y menos con su religión.

La razón fundamental que tiene el huaquero para la profanación o el saqueo, no es dar a conocer el contenido de una tumba y entender, en base al estudio de lo que dejaron, la cultura o el pensamiento que tuvieron los pueblos que hoy no existen, sino el enriquecimiento individual, el beneficio particular o el lucro. Al tener la busca de tesoros, una motivación esencialmente comercial, sólo ve dinero en lo que encuentra, ninguna otra cosa le interesa y al estar su actividad clandestina, limitada por lo que dura la noche que encubre su delito, no se detiene a extraer con cuidado lo que encuentra y menos a tener en cuenta toda la información del pasado que destruye con su actividad.

Pero el huaquero, en su actividad y su modo de pensar, es producto de la sociedad en la que vive. Esto quiere decir que, en quinientos años de presencia cultural europea, no se cambió la relación con lo autóctono. Es decir, seguimos viendo a las culturas autóctonas y a sus restos materiales como objetos de enriquecimiento y desde luego, sin ningún vínculo cultural con nosotros. Quizá en el último siglo se empezó a valorar la parte artística de los objetos y se los empezó a mirar como obras de arte y dignos de ser exhibidos y valorados como tal. Pero esto es una historia reciente, lo cierto es que si existen profanadores de tesoros ancestrales, o mejor dicho, huaqueros, es porque hay un soporte social que permite su actividad y ese soporte están no sólo en el valor comercial de los objetos, sino también en que, culturalmente no existe ninguna ligazón o vínculo que lo haga sentir como suyo al pasado arqueológico, como para cuidarlo y evitar su destrucción. Ni social ni culturalmente sentimos que un resto arqueológico es parte de nuestro pasado  y menos que nos es útil en nuestro presente.

Valor documental.

Valor artístico

ARQUEOLOGÍA EN EL PERÚ: Notas en torno a su biografía.© E. Rubio Díaz

Si toda biografía empieza con el origen o nacimiento, es difícil hallar el comienzo o nacimiento de una ciencia como la Arqueología en el Perú. Esto se debe a que, si lo abordamos desde el punto de vista académico (en este caso el menos significativo), diremos que ésta se inicia a partir de cuando las universidades otorgan títulos de Arqueólogos. De esto se sabe que,  en 1960, egresa la primera promoción de arqueólogos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Eso puede indicar el nacimiento de los arqueólogos (académicos o titulados) en el Perú, pero no de la Arqueología, pues  la Arqueología no académica, es decir, la que hacían los que no tenían título de arqueólogos, ya se realizaba en el Perú desde el siglo 19. No es que por falta de un título universitario, el trabajo que los “no arqueólogos” realizaban, dejaba de tener validez científica. Al contrario, podemos decir hoy, que es en base a ellos, que la arqueología peruana, ha podido desarrollar sus marcos cronológicos, estilísticos y evolutivos. No hay que confundir entonces arqueólogos con arqueología. Esta nace y se desarrolla mucho antes que aquellos.

De ello se desprende una verdad: la Arqueología nace en el Perú, por obra de otros profesionales. Dicho de otro modo: para hacer Arqueología en el Perú, no era necesario ser Arqueólogo. El ejemplo más demostrativo de esto es que, al que se considera como “Padre de la Arqueología en el Perú”, es nada menos que médico: Julio C. Tello.

Pero Tello ya esta situado en el siglo 20 y hemos dicho líneas arriba que, en el siglo anterior ya se hacía Arqueología en el Perú, es que, siendo esta una ciencia que nace de la clasificación de objetos antiguos, es natural que en un territorio como  el Perú, con más de doce mil años (por lo menos) de presencia humana, se encuentre siempre objetos arqueológicos cuya clasificación, requiera de personas versadas en el análisis plástico y descriptivo, cuando no, en el análisis estratigráfico. De los peruanos más destacados en el estudio de los restos prehispánicos en el siglo 19, esta  Mariano Eduardo de Rivero, quien publicó en Viena en 1851: “Antigüedades Peruanas” con la colaboración del gran peruanista J. D. Tschudi. En esta obra, que podría considerarse la primera publicación de arqueología peruana, se encuentra no solamente la descripción e ilustración de piezas arqueológicas, sino también interpretaciones teóricas sobre el Perú antiguo. Aunque De Rivero, estudió en la Escuela Real de Minas (París) y realizó investigaciones y publicaciones referidas a ese tema, algunos lo consideran como: “primer arqueólogo peruano”, no obstante carecer de título académico de arqueólogo. En su obra anteriormente mencionada, podemos encontrar ilustraciones y descripciones similares a las que hacían los arqueólogos hasta hace 20 años.

Pero De Rivero no es el único caso de Arqueología en el Perú hecha por no arqueólogos. Tenemos que mencionar también a todas las misiones extranjeras que arribaron a nuestro país, los viajeros, (siglos 18 y 19), que al visitar el Perú, no pudieron sustraerse a la admiración que les causaba las “huacas” , los “palacios antiguos”, los “vasos” o “huacos” y terminaban registrándolos en grabados o acuarelas y describiendo sus detalles minuciosamente. Varios de estos registros, han servido y aún sirven,  para saber cómo fueron muchas construcciones de las que hoy queda muy poco o ya nada. Si justificamos el trabajo del arqueólogo como un registro para la posteridad, acá tenemos un ejemplo palmario. Ninguno de aquellos tuvo título de arqueólogo, pero la obra que legaron, no puede estar clasificada al margen de la Arqueología en el Perú.

Si eso ocurría por el lado que podemos llamar “no académico”, el nacimiento de la arqueología académica en el Perú, tampoco se define con claridad. Acá aparecen dos casos: el método arqueológico y la enseñanza de la arqueología. En el primer caso, están los trabajos arqueológicos que siguen el protocolo de excavación, registro y análisis que demanda la Arqueología. En el segundo, está la formación en las universidades,  del profesional que ha de dedicarse a la Arqueología: el Arqueólogo. Entre ambos, la diferencia no esta en la forma de abordar el trabajo de campo, sino en la formación académica que recibieron.   De ambos casos veamos los ejemplos:

MÉTODO ARQUEOLÓGICO. Si lo que diferencia una ciencia de otra, tanto como su “objeto” de estudio, es su método; la Arqueología con carácter de ciencia, se practica en el Perú desde fines del siglo 19. Ya sabemos que fue Max Uhle quien por primera vez,  efectúa trabajos de campo arqueológico ceñido a un registro sistemático que hasta hoy (mutatis mutandis), utilizan los arqueólogos. Fue él quien por primera vez (1896), le dio carácter científico a los trabajos en las “ruinas”. En base a sus excavaciones de años anteriores, en 1903 publica su documentado libro Pachacamac. Pero no sólo eso, el descubrimiento de la cultura Moche (1899), se lo debemos a él, aunque precisamente por el método científico que aplicó en el análisis de sus materiales, antes de darle un nombre propio, le asignó una clasificación: “Proto Chimú”. Debemos indicar, que Uhle no fue arqueólogo sino filólogo de profesión. Sin embargo, sus trabajos marcan un antes y un después en la arqueología del Perú y mundial, si tenemos en cuenta que, en las décadas de 1920 y 1930, norteamericanos e ingleses usaban en Palestina, a decir de M. Wheeller, métodos de excavación completamente “ingenuos” por no decir vedados para la ciencia. Lejos estábamos aún de tener en nuestro país, arqueólogos formados y graduados como tales.

Posteriormente, se efectuaron las expediciones de Julio Tello (1916) al norte del Perú, al departamento de Ancash en 1919. Paracas 1925), valle de Nepeña 1933, Casma 1937. Pero si todos estos trabajos de Tello…

ENSEÑANZA DE LA ARQUEOLOGÍA.

ARQUEOLOGÍA  ¿PARA  QUIÉN?

Emilio Rubio Díaz

Los arqueólogos peruanos celebran su día en recuerdo no de un descubrimiento o acontecimiento social importante, sino del nacimiento de un hombre: Julio C. Tello, quien nació el 11 de abril de 1880. Aunque fue médico de profesión y congresista por Huarochirí, durante le “oncenio de Leguía”, a pasado a la historia como arqueólogo, y por su destacada contribución a esa ciencia, se le considera como: “padre de la arqueología peruana”. No obstante haber nacido el siglo 19, su obra destaca en la escena social peruana en la primera mitad del siglo 20. Es que, a partir de la década del 60 –como suele ocurrir con el progreso de la ciencia-, sus teorías y métodos entran en una franca revisión.

La arqueología actual, sin embargo reconoce en él  a uno de los más destacados estudiosos del pasado peruano. Tras su muerte ocurrida en 1947, mucho es lo que la arqueología ha cambiado  hasta hoy; veamos algunos aspectos.

PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO Y  NACIONALIDAD

Es importante abordar el tema del patrimonio, porque es allí donde ejerce directamente su labor el arqueólogo, y porque además, se cree que aquel, como algunas especies biológicas, esta en extinción, porque diariamente atentan contra él, la expansión urbana, los huaqueros, la agroindustria y el Estado, que, desde sus instituciones, por paradójico que parezca, es el más grande destructor del patrimonio arqueológico. Su defensa ha ido cambiando no sólo en su aspecto legal, sino también en los conceptos, la consciencia colectiva y los criterios de quienes, desde las instituciones del Estado, tienen que ver con su cuidado.

Observamos que, a lo largo de la vida republicana, se dieron diversas leyes para afrontar la protección del patrimonio. Sin embargo, a la luz de la historia, nada nos dice que, la forma que hoy defendemos el patrimonio arqueológico es la correcta, y será la misma en los próximos años, En el siglo 19, nadie pensó que no era una actitud patriótica, ni legal, lo que hizo José Mariano Macedo, quien llevó su colección arqueológica a Europa, durante la ocupación chilena de nuestro país, para luego venderla al Museo Etnográfico de Berlín. En pleno siglo 20, el presidente Prado, obsequió un manto de la cultura Paracas, para adornar una sala en el edificio de la OEA, antes, como sabemos, Hiram Bingham, llevó parte de lo hallado en Machu Picchu, al Museo de Peabody. Si eso no estaba prohibido, fue porque los criterios eran distintos a los que hoy tenemos sobre patrimonio. Lo mismo pasará con las próximas generaciones, que verán con otros ojos, la forma que hoy defendemos nuestro patrimonio. Condenar hoy, la actitud del pasado, es sacar los hechos de su contexto: en su tiempo fue normal y lícito.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las leyes al respecto, han tenido un lugar y la práctica otro. Debemos tener en cuenta además que, el desarrollo de la arqueología se ha hecho –porque no puede ser de otra manera-,  destruyendo el patrimonio. Pero hay algo que la arqueología  del siglo 20 a contribuido de manera importante al conocimiento de nuestro pasado: hoy sabemos que antes de la llegada de los españoles, no todo correspondió a la cultura incaica. Aquí la arqueología ayudó a ampliar el rango cronológico de nuestro pasado y aún más, dividió en etapas y culturas, todo lo que antes se pensaba que correspondía al imperio incaico. Pero al constatar esa realidad, nos mostró un abanico de nacionalidades,  las cuales hoy, por ser occidentales  y cristianos, no fundamentan nuestra actual nacionalidad, pues en el territorio que hoy se llama Perú, existieron muchas naciones, las que, en más de dos mil años de proceso civilizatorio ocuparon diversos valles  y tuvieron desarrollos independientes y hasta antagónicos. Por ello, los que habitamos en la costa norte peruana, donde se desarrolló la cultura Chimú, no podemos decir que tenemos la misma tradición cultural que la cultura incaica. Esa realidad continúa, pues todavía hoy, encontramos marcadas diferencias raciales y lingüística en diversas áreas de nuestro país, de tal suerte que, el legado de nuestro patrimonio arqueológico no es igual para  todas las regiones: el Perú sigue siendo un “archipiélago cultural”. Nuestra actual nacionalidad no se fundamenta en el pasado que nos describe la arqueología, pues esta nos muestra un territorio dividido en naciones. Por ello, la arqueología ayuda a fundamentar más el patriotismo que el nacionalismo.

ARQUEOLOGÍA Y SOCIEDAD.

En las últimas dos décadas, los trabajos arqueológicos se han intensificado en evaluaciones y rescates, lo que ha facilitado el desarrollo de proyectos productivos de gran envergadura, la actividad minera, la construcción de obras públicas y la titulación de asentamientos humanos que ocupan zonas arqueológicas. Con ello se ha dado un giro al trabajo del arqueólogo que, sólo realizaba proyectos de investigación por iniciativa personal o por exigencias académicas. Hoy los trabajos se orientan a una utilidad práctica. De ese modo, empresas o poblaciones que antes no se interesaban por el trabajo del arqueólogo, o lo veían como  una actividad ajena a sus necesidades, hoy lo ven como algo necesario y útil. Estos trabajos chocan con el criterio de quienes consideran que el patrimonio arqueológico debe ser intocable y los que piensan que la defensa del patrimonio cultural de un país debe hacerse en función de los intereses nacionales o sociales, no en apoyo de una profesión o un gremio. Creer que no deben hacerse trabajos de rescate arqueológico, para construir obras públicas, fábricas o urbanizaciones, con el pretexto que, en el futuro el arqueólogo se quedaría sin ocupación, no sólo no es cierto, sino que, aún si lo fuera, lo que con ello se persigue es el interés personal no el social. Con ese criterio por ejemplo, los médicos buscarían que siempre haya enfermedades. Los que así piensan anteponen el interés de una profesión o de un gremio al de la sociedad, a la cual, por principio, la arqueología debe servir y facilitar su desarrollo.

En un país como el nuestro, que en toda su extensión presenta restos arqueológicos, cualquier expansión urbana o actividad extractiva encontrará restos arqueológicos. En algunos casos hay que considerar entre conservar lo arqueológico o construir lo nuevo. Es ahí donde el arqueólogo debe prestar sus servicios, resolviendo con  el peso que le da su condición de profesional, decidiendo con criterio social, con perspectiva histórica, más que con el romántico criterio del anticuario. La arqueología debe estar al servicio práctico de la sociedad presente, no se la debe ver, como interesada en buscar tesoros, para exhibir en los museos y dar fama a su descubridor.

Una cosa es a todas luces cierta: los yacimientos arqueológicos serán  realmente protegidos, cuando la población se identifique con ellos, cuando los sienta suyos. Entonces, aunque las leyes y los encargados de cuidarlos no lo hagan, socialmente estarán protegidos. No sólo de los huaqueros que los destruyen buscando objetos para los coleccionistas, sino también de los fenómenos naturales. Ya sabemos que los huaqueros destruyen los yacimientos arqueológicos para procurarse el sustento, los arqueólogos lo hacen para ganar prestigio, fama o grados académicos. Al  coleccionista le interesa el trabajo del  huaquero, para aumentar su colección y su vanidad. Los tres se igualan en el provecho individual que los impulsa; pero solamente los dos primeros destruyen los yacimientos arqueológicos como medio de vida.

ARQUEOLOGÍA: LA QUE DEBE SER” Y  LA QUE E S”

Debemos distinguir entre lo que “debe ser” la arqueología y lo que realmente “es”. Lo primero es fruto de los que han hecho la filosofía de la ciencia. Aquí están los que la sacaron de su simple papel de, ordenadora secuencial, que le dio los anticuarios, para elevarla a la categoría de ciencia, con su teoría y su método, los que distinguieron “el objeto” y “el objetivo” del estudio arqueológico. Lo segundo lo observamos en el ejercicio práctico de la profesión, cuando vemos el desempeño de los arqueólogos en los proyectos. Son los que, al parecer han olvidado la teoría y el método científico. No hacen investigación sino “descubrimientos”. Por eso, muestran sus hallazgos, hechos de manera fortuita, no dentro de un marco de hipótesis que se contrastan, sino que tratan de explicarlos en base al objeto mismo.  Esa “es” la arqueología que hoy hace noticia, la que no ha pasado de la acumulación del dato empírico, de la información, a la elaboración teórica que interprete los datos recogidos al excavar.

La ciencia arqueológica “debe ser”, la que en base a un fundamento teórico explica de manera totalizante, como fueron los pueblos hoy desaparecidos, la que reconstruye no sólo sus restos materiales, sino  su forma de vida, la que mira al pasado para proyectarlo al presente en lo que todavía tiene de útil. Pero hoy, la arqueología “es”, en muchos casos, la publicidad de un hallazgo, como si éste fuera su objeto de estudio, llegándose incluso a minimizar la investigación para realzar al “investigador”, como si este fuera más importante que lo que se investiga.

Debemos recuperar para la arqueología su carácter de ciencia, no de dato empírico que hace noticia y para el arqueólogo, su status de científico, no de “excavador”, que sólo acumula datos y los publica como descripción, no como interpretación, porque se han ejercitado en la tarea de describir, no de teorizar.

De acuerdo a como entendamos la arqueología, podremos saber para qué se destruye el patrimonio, o para quién se “investiga”. Si se hace en provecho personal, para ganar fama, o si se investiga por requerimiento social o necesidad científica.

En una fecha como el día del arqueólogo, vale la pena reflexionar sobre éstos temas, pues la arqueología debe ligarse a la sociedad presente más que con noticias sensacionalistas, con trabajos que ayuden a su desarrollo y a identificarse con la herencia del pasado. Debemos recordar no sólo a Tello, también a Mariano Eduardo de Rivero, Max Uhle, José de la Riva Agüero, C. Wiesse, Luis E. Varcárcel. José Eulogio Garrido, Jorge Zevallos Quiñones. La lista es larga, entre peruanos y extranjeros. Ellos, aunque de diferente ángulo no tuvieron otro interés que conocer como fueron los pueblos en nuestro territorio cuando no se hablaba el castellano.

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PESCA MOCHICA

Emilio Rubio Díaz

En el proceso civilizatorio de los Andes Centrales, la pesca fue un factor importante, tanto que, los arqueólogos aún no han agotado el debate si es que fue ésta o la agricultura, la que volvió sedentarias a las tribus nómades. Por la abundante y variada riqueza biológica del mar peruano, algunos arqueólogos sostienen que, por esa  razón, los grupos humanos no tenían que desplazarse de un lugar a otro en busca de alimentos, sino que, fue el mar una despensa natural. De esa manera, se empezó a generar las primeras poblaciones en el litoral, las que después se desarrollaron hasta alcanzar el nivel de urbes.

LA CULTURA MOCHE.

En la costa norte del Perú, se desarrolló desde los inicios de nuestra era hasta aproximadamente 700 d.C. la cultura llamada Mochica o Moche. En la literatura arqueológica a este espacio cronológico se le llama; “Intermedio temprano”. Para entonces se encontraban ya consolidadas sociedades complejas que no son sino, resultado de un largo proceso evolutivo.

Fue el arqueólogo alemán Max Uhle quien descubre la cultura Moche en 1899. De ella todavía se pueden observar ahora muchas construcciones monumentales, como las huacas del Sol y la Luna en el valle de Moche, el complejo El Brujo en el valle Chicama, Pampa Grande y Sipán en el departamento de Lambayeque,  también abundantes objetos de cerámica y orfebrería. Es a partir de la documentación gráfica  que nos ha dejado esta cultura, y de los objetos hallados en las excavaciones arqueológicas, que hoy en día podemos conocer muchas de sus actividades cotidianas, sus rituales y su tecnología.

Al ser los mochicas una cultura altamente desarrollada para tu tiempo, nos han dejado restos materiales que evidencian sus logros tecnológicos alcanzados en  textilería, cerámica, metalurgia, desde luego, también en la agricultura y la pesca.

TECNOLOGÍA Y LUGARES DE PESCA

Debemos tener en cuenta que, la pesca, como toda actividad extractiva, para llevarse a cabo, es necesario conocer el estado y comportamiento de los recursos. En ese sentido, la pesca por sencilla que parezca implica tener conocimiento del mar en cuanto a sus mareas, a la localización de las especies y las técnicas adecuadas para su extracción. Evidentemente, los moche poseían una larga tradición de cómo desarrollar la actividad pesquera, pues a lo largo del litoral existieron desde épocas muy tempranas, asentamientos humanos dedicados a esta actividad, algunos de los cuales, aún podemos verlos actualmente como caletas tradicionales, tal es el caso de Guañape, Huanchaco, Monsefú, Pimentel, por nombrar sólo las más conocidas.

Si bien es cierto que la pesca a gran escala provenía del mar, no era éste la única fuente para la extracción de pescado. A parte de la pesca en los ríos en tiempos de lluvia, existe información que, eran lugares de pesca también,  pantanos, lagunas, ciénagas y albuferas, que a lo largo de la costa existían en gran número. Las lagunas del  litoral fueron muy importantes para proveer alimentos a la población desde los inicios del poblamiento costeño. Actualmente  han desaparecido por la excesiva extracción de agua del subsuelo y por la desecación de éstas con fines agrícolas.

Importante información de cómo pescaban los mochicas, se puede obtener del registro gráfico que se hiso de esta actividad en los ceramios, pues en ellos se ha graficado no sólo la forma de pescar sino también las especies que se extraían. Por otro lado, las investigaciones arqueológicas reportan para este tiempo el hallazgo de anzuelos, arpones, cordeles y redes. Lo que pone de manifiesto las diferentes técnicas que usaron para extraer los recursos marinos. Mención especial debemos hacer de las embarcaciones para la pesca en alta mar, se destaca dentro de ellas, el “caballito de totora”, que por su sencilla fabricación, bajo costo, eficacia de maniobrabilidad y fácil traslado, hasta hoy podemos ver que todavía es usado en algunas caletas de pesca tradicional en la costa norte peruana. Quizá sea ésta la herencia tecnológica más importante que nos han dejado los moche. Según M. Rostworowski, “Los españoles …llamaron “caballitos” porque los naturales montaban en ellos con los pies en el mar”. (1981:106)  También se usó embarcaciones hechas con troncos y odres, elaborado con cuero de lobos de mar. Mayormente estas embarcaciones se las representa asociadas al uso de redes.

En cuanto a las especies que pescaban los moche, podemos decir que, por ser el mar en esta parte del planeta muy abundante y variado en fauna, se ha registrado básicamente las mismas especies que actualmente se consumen, tanto de peces, moluscos, lobos, nutrias de mar (hoy casi extinguidas), y algas. En las lagunas se pescó la lisa ( Mugil cephalus), en los ríos el camarón y life, entre otros.

PESCA Y RELIGIÓN

Pero la pesca no solamente fue una actividad cotidiana con el fin de obtener alimento. En las ilustraciones que han dejado los moche, se puede ver  a personajes míticos haciendo faenas de pesca en alta mar, sobre embarcaciones en forma de animales estilizados, lo que nos hace ver que la pesca también estuvo ligada al pensamiento religioso, prueba de ello es que, en la  representación de sus dios AI-APAEC hecha en los templos, se encuentran especies marinas como pulpo, raya, cangrejo. Por otro lado, la extracción de moluscos sirvió también para hacer chaquiras, adornos o también incrustaciones en  metal o madera. Moluscos como el Spondyllus, el Strombus y Conus, han sido hallados como objetos rituales en las tumbas.

Por todo ello, la importancia de la pesca,  del mar  y sus recursos, no sólo han dado a los pobladores de esta parte de los Andes el sustento material para sobrevivir, ha propiciado también el sustento ideológico de su sociedad. En la creencia de los mochicas, del mar no sólo vino el alimento, allí habitaban también sus dioses, el mismo mar era su Dios. Siglos después, según la leyenda, por el mar llegarían personajes que fundaron otros imperios, como Naymlap y Taykanamo y la veneración al mar y sus especies continuó  por siglos.

Cita

María Rostworowski de Díez Canseco. Recursos Naturales Renovables y Pesca, Siglos XVI y XVII. IEP.1981. Lima.

TECNOLOGÍAS DE PESCA PREHISPÁNICAS

Emilio Rubio Díaz

Cuando en el Siglo XVI los conquistadores llegan al golfo de Guayaquil, vieron  con sorpresa, que los pobladores de ese lugar usaban para transportarse y pescar, grandes balsas. El cronista Samano Xerez (1528) refiere que Pizarro abordó  una de ellas, y pudo ver, junto  a  metales y piedras preciosas que “…traían para rescatar por unas conchas de pescado de que ellos hacen cuentas coloradas como corales y blancas que traían casi el navío cargado de ellas”. Esas conchas no eran otras que el importante molusco de nombre Spondylus, que en tiempos prehispánicos tuvo mucha importancia en las actividades rituales y comerciales.

Esto no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que el hombre había poblado ya estas tierras más de diez mil años antes y fue la pesca, junto a otras actividades extractivas lo que permitió su desarrollo y sobrevivencia. Desde luego, lo que encontraron los conquistadores fue el resultado de un largo proceso de evolución tecnológica que se dio en los Andes, en el caso de la pesca, esto permitió hacerse a gran escala.

Esta es una evidencia que  en el Perú, la pesca es una actividad muy antigua. En ese aspecto, la arqueología reporta para todas la épocas, restos de peces y moluscos que formaron parte de la dieta de los antiguos pobladores. La pesca por ser una actividad extractiva, se originó mucho antes que la agricultura y se realizó como hasta hoy, a parte del mar, en ríos y lagos de todas las regiones.

Desarrollar la pesca demandó también desarrollar una tecnología que permita la extracción o captura de especies cada vez con más facilidad y a mayor escala. El proceso evolutivo de los  instrumentos y la tecnología, pasó de la pesca con lanzas de madera y arpones al uso de anzuelos, redes y embarcaciones, estas no sólo permitieron la pesca en alta mar sino, también el traslado de la producción a lugares distantes. Debo explicar que cada cambio de instrumento o tecnología es el paso  a un nivel superior en el desarrollo social. Tenemos así que, en su etapa recolectora y trashumante,  eran muy escasas las herramientas con las que contaba el hombre; la pesca se realizaba con ramas o tallos a los que se les hacía punta. Un paso importante fue la talla de piedras y huesos, ello permitió elaborar arpones, lanzas, flechas y algo novedoso para su tiempo: anzuelos. Hechos de conchas, huesos y espinas, con el desarrollo de la metalurgia, se hicieron después de cobre. De esta etapa, encontramos muchos conchales en varias partes del litoral, lo que nos indica la presencia permanente de poblaciones en un solo lugar las mismas que tenían a la pesca como actividad principal para subsistir. Bonavia reporta para el sitio llamado Los Gavilanes en Huarmey, una población de hace 6 mil años, cuya dieta tuvo como base,  mamíferos marinos, pescado y moluscos. Lo mismo podemos decir  de Caral y Huaca Prieta en el valle de Chicama.

El uso de los anzuelos no hubiera sido posible, si es que antes no se descubre la fibra del algodón para hacer los cordeles. A esto sólo se pudo llegar con el descubrimiento de la agricultura, importante paso en el desarrollo tecnológico del hombre, pues jugó un papel fundamental en el desarrollo de la pesca, al proveer de fibra para la elaboración de cuerdas y la confección de redes para chinchorros, atrarrayas y trampas. Además, el algodón  sirvió también para hacer los cabos con los que se amarraron las maderas o la totora para la fabricación de balsas de distintos tamaños y formas.

Con todos estos elementos, sumados al uso del metal y la cerámica, descubierta hace 4 mil años, la pesca se desarrolló en gran escala, tanto que, se generó dentro de la sociedad una especialización: los pescadores, que, a decir de Rostworowski, no labraban la tierra, ni eran artesanos, tampoco comerciantes.

De aquellas personas dedicadas a la pesca, todavía podemos ver actualmente en la costa peruana,  en el lago Titicaca y otros lagos del altiplano, poblaciones herederas de esa tradición, que conservan aún la herencia de sus embarcaciones y la técnica de pescar.

Citas

BONAVIA, D. Los Gavilanes, mar, desierto y oasis en la historia del hombre. Lima 1982

ROSTWOROWSKI, M. Pescadores, artesanos y mercaderes costeños en el Perú prehispánico. En  Etnía y Sociedad, 1975

SAMANO XEREZ. Relación, Cuadernos de historia del Perú. 1937

 

 

RECONSTRUCCIÓN DE LOS ROSTROS DE PERSONAJES ARQUEOLÓGICOS

 

8 responses to this post.

  1. Hola Emilio, lei tu biografia , encantada. Algunos poemas , visite los perfiles, las fotos de {arboles. Tienes temas extesos muy polifacetico, te felicito.Solo te sugeriria q coloques la opcion de “seguidores” para no perder tu blog de vista ni un momento bien?
    mucho saludos dsd algun lugar del mundo
    Agnies

    Responder

    • Posted by emiliorubiodiaz on 17 julio, 2010 at 5:22 AM

      Hola Agnieszka.
      Gracias por el comentario. A sido muy grato conocerte, espero sigamos comunicándonos. En cuanto a tu sugerencia la tomaré en cuenta, para que no nos perdamos de vista.
      Saludos desde Perú, a ese lugar del mundo donde te encuentras.
      Emilio

      Responder

      • Posted by DANI ZANCHES on 5 noviembre, 2012 at 9:52 PM

        emilio me encanto tu pagina web esta demasiado chevere espero que a todos les gustes y YO SOY GAY GAY GAY EMILIO TE AMO

      • Gracias por tu comentario. Es grato para mi saber que te gustan las cosas que escribo. Por favor sigamos en contacto. Saludos.

  2. Posted by 56985 on 6 noviembre, 2013 at 1:46 AM

    le pego en el rabito
    A ALGUIEN

    Responder

  3. Posted by Amelia Rojas on 26 febrero, 2015 at 11:27 PM

    Un articulo muy interesante, Emilio sobre todo para los que practicamos la profesión.

    Responder

  4. Posted by Marlit Gamarra on 21 julio, 2015 at 7:02 AM

    Ya es muy tarde pero valió la pena, quede literalmente “pegada” a muchos de tus escritos en el blog (en especial de este) hasta perder la noción del tiempo. Abrazos “Don Emiliano”.

    Responder

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